El año siempre termina con la clásica cena en lo de la tía Graciela. Todos nos juntamos en esa casa grandota para comer hasta reventar, darnos los updates sobre nuestras vidas y charlar de boludeces, me encanta mi familia!
El menú se compuso de platos variados, traídos por las diferentes familias. A nosotros nos tocaron las ensaladas: una de verdes (lechuga morada, radicheta y aceite de oliva), una de zanahoria, pasas rubias y manzana verde, con aceite de oliva y jugo de naranja), y una simil caprese: daditos de mozzarella, tomates cherry, aceitunas verdes y albahaca. La tía Gachi hizo sus fabulosas milanesitas de pollo, con un toque de semillas de sésamo (perfectas: chiquitas, sin indeseables, con muchas semillas), un matambre de ternera que se desarmaba un poco, peceto en rodajas, acompañado de una rica salsa criolla con cebolla de verdeo y ensalada de papa, huevo y arvejas (amo la ensalada de papa!). La tía Raquel sorprendió con unas deliciosas tarteletitas de queso (blanco y parmesano), con semillitas de lino. También hubo piononos varios (muy rico el de atún, huevo y morrón).
En cuanto a bebidas no hubo sorpresas, vino blanco Traful, de bodegas Lopez, gaseosas, sidra y champagne para el brindis. La verdad, me quedé con la coca light. La mesa dulce estuvo muy completa, hubo helado, turrón, maní con chocolate y garrapiñada, un postre Kahún (con almendras, castañas y pasas) que no probé, y unos muy ricos brownies de chocolate cortesía de la prima Paula (se quemaron un poquito por debajo, pero la cubierta estaba crocante y el interior húmedo, como debe ser). Lamentablemente, no hay fotos porque mi cámara se quedó sin baterías.
185 Había una vez...
Hace 10 años.
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