
Mi tarta de manzana (un tanto fuera de foco).

Mi amor por el buen comer tiene mucho que ver con mi familia, particularmente con el lado de mi papá. Una de las cosas que caracteriza a los Fisman es saber servir amor en la mesa.
Yo no conocí a mi abuelo Abraham, pero cuentan por ahí que le gustaba armar picadas.
Parece que en los viajes al supermercado él se dedicaba a arrasar con las góndolas de latitas. Lo podían los patés, los fiambres ahumados, los mariscos en su salsa, etc. Cómo me hubiera gustado compartir una picadita con él... al menos sí pude hacerlo con mi otro abuelo, Manuel, que además hacía una sopa de verduras legendaria.
Cuando Mi abuela Matilde vivía en su casa (ahora está en un hogar) le gustaba recibir invitados. Sin importar cuántos comensales, ella siempre hacía comida de más. Ahora pienso que lo hacía a propósito, sólo para poder seguir repartiendo cariño después de terminado el cumpleaños, o evento que había sido excusa para la comilona. Su delivery de amor viajó siempre en tupperware, de mil colores, grandes y chicos, con una "M" de Matilde grabada en su base con esmalte de uñas rojo. (Nada de marcadores indelebles para mi abuela.)
Recuerdo con cariño su sopita de kneidalaj con caldo de pollo de verdad, sus bandejas gigantes de fideos a la parisienne, su arroz con pollo, y hasta su holedetz, que nunca me atreví a comer pero por el que mi papá tiene devoción. También sabía lucirse con cosas sencillas, como un desayuno con mate cocido y figacitas con leberwurst, o un churrasquito con ajo y perejil, acompañado por parvas de papas fritas.
Los hijos y nietos de estos dos personajes quedamos marcados por esta relación con el morfi. Y aunque muchos de nosotros tenemos que luchar con nuestras eternas pancitas, nos gusta seguir la tradición de las comilonas y los tupper.
Mi tía Graciela con sus milanesitas de pollo con sésamo, su ensalada de remolacha, manzana y apio, que hace especialmente para mí, o su súper locro que espero todos los inviernos.
Mi papá con sus picaditas, o sus sándwiches de lo que se te ocurra, cuidados hasta el último detalle "¿lo querés con o sin corteza? ¿con mayonesa, manteca o queso blanco? ¿cortado al medio o en diagonal?". Mi prima Paula con sus brownies de chocolate mmmmhhhhhh! Espero no estar olvidándome de nadie...
Se trata de una enfermedad contagiosa porque muchos allegados a la familia han desarrollado más sus cualidades culinarias nomás por convivir con semejantes "gorditos de alma". Y si no me creen deberían probar el paté casero de mi primo Jota, o el asadito de mi tío Daniel, o los ñoquis caseros de mi mamá o sus famosas pizzas, que también tienen delivery.
Al fin... tantos años de comer, al final me dieron ganas de cocinar, obvio! Hace poco que empecé, pero creo que ahora no puedo parar. Ya habrán visto un par de recetas en este blog. Además del placer alquímico de producir algo a partir de un montón de ingredientes, disfruto mucho de la reacción de la gente cuando come algo que yo preparo. Me gusta que haya expectativa, pero también llevar algo de sorpresa, y sobre todo ver el efecto que hacen los aromas o la pinta de un plato, y después la cara de satisfacción, de boca cerrada y mejillas llenas.
Este Día del padre hicimos un "brunch" (esa comida que no es ni desayuno ni almuerzo... una comilona a media mañana, bah). Mi mamá preparó una bandeja de ricuras saladas (leberwurst, salmón ahumado, jamón crudo, quesitos, pancitos blancos y negros). Como hacía rato que mi papá venía pidiendo que le hagamos alguna torta con manzana, aproveché la oportunidad y preparé una tarta como plato dulce. Si bien me resultó difícil el asunto de la masa con manteca fría (que no se pude tocar con las manos porque se derrite), modestia aparte, salió riquísima!
Pero lo más lindo fue el rato que pasamos los cinco (papá, Mamá, Nori, nuestra mascota la gata y yo), meta comer y charlar alrededor de la mesa, en pijama. Fue uno de esos raros momentos de armonía total, todo risas, besos y abrazos, que dan ganas de levantar las copas (o las tazas con matecocido) y decir: "A la familia, salud!"
2 comentarios:
¡Qué lindo post!
Cocinar, recibir, sentarse y comer, son todas formas de decir "te quiero", que no es otra cosa que eso que buscamos en tantas prácticas cotidianas. :)
barbra walters dina!!!!!una dulzura
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